Hoy, Angy Rodríguez, portavoz de la comunidad venezolana en Baleares a través de VenBalears, se encuentra en una situación que pesa como una losa. Junto a la presidenta Marga Prohens y el Delegado de Gobierno, Alfonso Rodríguez, participó en un emotivo minuto de silencio en el Consolat de Mar. «Hoy es un día muy duro. Estas últimas horas han sido tensas y preocupantes», comienza diciendo con voz entrecortada. La angustia no solo afecta a los venezolanos que están lejos de su tierra, sino también a aquellos que todavía permanecen allí, enfrentándose a un desastre sin precedentes.
La realidad cruda tras el terremoto
Los números son escalofriantes: fallecidos que siguen aumentando, heridos y desaparecidos sin parar. En este segundo día post-catástrofe, la prioridad está clara: rescatar al máximo posible de personas atrapadas entre toneladas de escombros. Angy añade con un nudo en la garganta: «Ya nos llegan noticias de conocidos cuyos familiares han muerto; muchos tienen a los suyos desaparecidos. Y con cada hora que pasa, la esperanza se vuelve más esquiva». La incertidumbre ha dejado a la comunidad venezolana balear sumida en una tristeza profunda y frustrante.
A pesar del desánimo generalizado, cada rescate trae consigo un pequeño rayo de luz. «Las buenas noticias nos alivian un poco entre tanta oscuridad», dice Angy. Tienen claro cómo pueden contribuir ante esta tragedia: recaudando fondos para enviar ayuda donde más se necesita. Sus prioridades son claras: «Manos técnicas para los rescates y aportaciones económicas», asegura con determinación.
Todo lo recaudado irá destinado a comprar medicamentos, alimentos o ropa—básicamente lo esencial para sobrevivir—porque esto no puede esperar. Y mientras tanto, Angy expresa su inmenso agradecimiento hacia la sociedad española por su apoyo incondicional: «Es momento de dejar atrás las políticas; aquí hablamos de seres humanos, vidas reales». Muchos han comenzado a ver la dura realidad que vive Venezuela; ojalá ese despertar traiga consigo acciones concretas para ayudar.

