En una calurosa tarde de verano, la tranquila ciudad turística de Omis, en Croacia, se ha convertido en un escenario dantesco. Al menos 36 personas han resultado heridas debido a un virulento incendio forestal que ha arrasado decenas de viviendas y ha obligado a evacuar a cerca de 1.000 residentes. Entre los afectados, siete personas están en estado grave, lo que añade más preocupación a una situación ya crítica.
Una tragedia que nos toca a todos
El primer ministro croata, Andrej Plenkovic, no ha dudado en calificar este desastre como uno de los peores que el país ha enfrentado en años. Durante una reunión con altos mandos del condado de Split-Dalmacia, prometió ayuda económica para reparar los daños causados por las llamas. Un gesto necesario pero que llega demasiado tarde para quienes han perdido sus hogares.
Por otro lado, el presidente del país, Zoran Milanovic, también se hizo presente en la zona y no escatimó palabras al referirse a esta jornada como “terrible”. Agradeció el esfuerzo titánico de todos aquellos equipos que luchan incansablemente contra el fuego; hasta ahora, se han hospitalizado a 16 personas por lesiones relacionadas con el incendio.
Aún no está claro qué provocó este infierno. El ministro de Defensa croata, Ivan Anusic, ha declarado que el Ejército está listo para intervenir si Protección Civil lo solicita. Mientras tanto, más de un centenar de bomberos han trabajado arduamente durante toda la noche intentando contener las llamas que avanzan sin piedad desde Lokva Rogoznica hacia la costa y el interior.
No olvidemos que tras cada cifra hay historias humanas desgarradoras y sueños perdidos entre cenizas. Este incendio es un recordatorio cruel de cómo la naturaleza puede desatar su furia y arrastrar todo lo que encuentra a su paso.

