Cultura

La realidad de ser fotógrafo de conciertos: un trabajo poco valorado

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Después de los vibrantes conciertos de Rosalía, la conversación sobre el acceso a la información gráfica y la protección del mundo musical parece desvanecerse. Sin embargo, antes de que se apague por completo, es necesario aclarar algunas cosas. Este debate no es nuevo; siempre volvemos a encontrarlo cuando ciertos artistas suben al escenario, y nosotros, quienes llevamos años reflejando estas situaciones en este diario, sabemos que merece ser discutido.

El dilema del fotógrafo en el concierto

En los últimos días, algunos medios han pintado a los fotoperiodistas de conciertos como meros oportunistas que solo buscan colarse gratis y ocupar lugares privilegiados. Pero dejadme deciros que esta imagen resulta bochornosa. La realidad es bien distinta: a estos profesionales se les permite estar presentes durante apenas dos o tres canciones antes de ser casi expulsados del recinto para no incomodar al artista o al público. Su ‘privilegio’, cuando lo hay, se traduce en unos pocos minutos intensos en un lugar donde pueden intentar hacer su trabajo.

A veces ni eso: hay ocasiones en las que te colocan lejos del escenario, a una distancia irrisoria para capturar algo decente. Recuerdo aquel concierto de Katy Perry donde estaba situado en una mesa de sonido a 40 metros… ¡Imposible! Y si hablamos de Rammstein, hace un par de años nos dejaron esperando fuera durante hora y media antes de darnos paso a las últimas canciones.

Y ojo: aunque hayas pagado tu entrada para ver a Rosalía o cualquier otro artista, entrar con una cámara profesional está prohibido. ¿Os imagináis? Ser fotógrafo de conciertos es un trabajo duro y estresante que requiere técnica y arte específicos. Como me decía el maestro Ferran Sendra: ‘Hoy sientes que solo estás molestando’. Molestias para el artista, la organización y hasta el público. Y aún así algunos te ven como un parásito.

No es la primera vez que escucho esto; hace años intenté probar suerte como fotógrafo en un festival (Reading 92) y ya entonces me horrorizó cómo trataban a mis colegas: empujones, gritos e interminables esperas en los fosos. Me prometí nunca más volver… Así que cuando llegue el momento de reavivar este debate (porque seguro volverá con la próxima actuación de Rosalía), espero que haya más comprensión y respeto hacia quienes están detrás del objetivo.

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