Valencia se ha despertado con una noticia que deja un sabor agridulce en el aire: el Festival de les Arts, uno de los eventos musicales más esperados del año, ha tenido que cancelar su segunda jornada. Apenas una hora antes de abrir las puertas, el Ayuntamiento y la Ciudad de las Artes y las Ciencias tomaron la difícil decisión tras comprobar que durante la primera jornada se había superado la ordenanza de ruido.
Un inicio complicado
Aquellos que llegaban con ilusión para disfrutar del festival se encontraron con las puertas cerradas. El primer día ya había sido problemático; los asistentes apenas podían escuchar a los artistas debido a un volumen insuficiente, lo que provocó pitidos y comentarios entre el público. La cantante Leire Martínez tuvo que interrumpir su actuación, regresando al escenario con más potencia para intentar recuperar el ritmo perdido.
La realidad es que este evento no solo es un espacio para disfrutar música, sino también una cita cultural muy significativa para la ciudad. La organización lamenta profundamente la situación y asegura que esta decisión no fue tomada a la ligera. De hecho, según un documento al que tuvo acceso Levante-EMV, existía un acuerdo claro: si se superaban los decibelios permitidos en la jornada del viernes, quedaba en manos de Cacsa decidir sobre el futuro del festival.
Con lágrimas en los ojos, muchos esperaban ansiosos ver a bandas como Two Door Cinema Club este sábado. Sin embargo, ellos mismos habían dado indicios en sus redes sociales sobre posibles problemas en Valencia, lo que dejó entrever que ya sabían algo antes de tiempo. No cabe duda de que esta cancelación afecta a miles: artistas, técnicos y trabajadores ven cómo sus esfuerzos se esfuman como humo.
¿Y qué pasa ahora? La organización ha anunciado reembolsos parciales del 50% para quienes compraron entradas generales y un total para aquellos con pulseras especiales. Se habilitará un canal específico para gestionar estos reembolsos y cualquier incidencia relacionada.
Las críticas han llovido en redes sociales desde el primer momento. “¿Regalo pulseras para meditar en Les Arts?” o “Que suban esos decibelios aunque les cueste una multa” son solo algunas muestras del descontento generalizado entre los asistentes. El eco del desánimo resuena fuerte; al final del día lo único que querían era disfrutar juntos de buena música bajo el cielo valenciano.

