En la noche del 24 de abril, la ciudad de Dnipró, en el este de Ucrania, se convirtió en escenario de una tragedia desgarradora. Al menos cinco personas han perdido la vida y otras 34 han resultado heridas tras un ataque devastador por parte de las fuerzas rusas. Así lo ha confirmado el gobernador militar de la región, Oleksander Ganzha, quien no ha podido ocultar su preocupación al advertir que podría haber más víctimas atrapadas bajo los escombros.
La intensidad del ataque fue tal que, según Ganzha, el enemigo mantuvo bombardeos durante más de diez horas. Las tácticas rusas siguen siendo las mismas: drones asesinos y misiles que caen sin piedad sobre infraestructuras civiles. «El objetivo eran edificios residenciales y empresas», relató el gobernador con evidente frustración. En medio del caos, dos menores están entre los heridos; un niño de apenas 9 años recibe tratamiento ambulatorio mientras que una adolescente de 17 años permanece hospitalizada con pronóstico moderado.
Destrucción y desesperación en Dnipró
No solo son cifras tristes; detrás de cada número hay vidas destrozadas. La última víctima mortal se registró en un edificio que fue impactado por un misil esta misma mañana, dejando a seis personas más heridas. Además, los bomberos lucharon contra las llamas en una gasolinera también afectada por el ataque. Ocho camiones y cuatro turismos quedaron reducidos a chatarra; 27 viviendas, dos escuelas infantiles y una clínica sufrieron daños graves.
El alcalde Boris Filatov describió el impacto como devastador: alrededor de 1.500 ventanas fueron destruidas por la onda expansiva. Mientras tanto, desde Kiev llegan denuncias alarmantes sobre un ataque masivo utilizando al menos 650 drones y misiles dirigidos intencionadamente contra civiles. El ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andrii Sibiha, no se cortó al calificarlo como una «campaña de terror calculada» contra su pueblo. Exigió justicia para los líderes rusos: «Deben rendir cuentas por estos crímenes», subrayó con determinación.

