MADRID, 23 de abril. En un nuevo giro de los acontecimientos en el océano Índico, el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha hecho pública la interceptación de un petrolero que, según sus informes, transportaba crudo iraní. Este hecho se encuadra dentro del cerco marítimo que ha establecido el ejército estadounidense alrededor del estrecho de Ormuz, una vía crucial por donde transita un quinto de la producción mundial de petróleo.
Un abordaje que marca territorio
Las fuerzas norteamericanas llevaron a cabo lo que llaman una interdicción marítima, abordando el M/T Majestic X, un barco sin bandera que fue sorprendido en aguas internacionales. “Este buque venía directamente desde Irán”, aseguran desde Washington. La operación no es casual; forma parte de un esfuerzo más amplio para desmantelar redes ilegales y frenar a aquellos barcos que brindan apoyo material al régimen iraní. Según ellos, este control se extiende globalmente y actuarán “donde sea necesario” para mantener la seguridad en los mares.
En palabras del portavoz del Pentágono: “Las aguas internacionales no pueden ser utilizadas como escudo por actores sancionados”. Y esto no es solo una declaración vacía; las cifras hablan por sí solas. Recientemente, CENTCOM ha informado que 31 buques han tenido que dar media vuelta o regresar a puerto debido a estas acciones estadounidenses en Ormuz.
A medida que la tensión persiste, esta historia parece estar lejos de terminar. Mientras tanto, seguimos observando cómo se despliega esta compleja trama geopolítica sobre nuestras cabezas.

