Sucesos

El grito desesperado de un venezolano en Mallorca tras los terremotos

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Jesús García está al otro lado del teléfono y, aunque no lo veamos, podemos sentir su angustia. Desde Mallorca, donde reside, cada palabra que sale de su boca está cargada de preocupación y miedo. La tierra tembló en su Venezuela natal con dos terremotos devastadores de magnitudes 7,2 y 7,5, dejando una estela de destrucción y desolación. «Mal, hermano, mal por lo que sucedió en Venezuela», repite como un mantra que refleja su dolor.

La incertidumbre le pesa más porque hay familiares suyos que simplemente han desaparecido. “No sabemos dónde están porque no tienen red ni wifi. Por Dios que aparezcan”, suplica con una voz quebrada. Es desgarrador escuchar cómo la distancia se convierte en una barrera cuando el caos reina en casa.

Un rayo de esperanza entre las sombras

García se aferra a la alegría reciente de haber recibido a su mujer y a su hijo en Mallorca hace solo una semana. “Gracias a Dios llegaron el jueves y ya están aquí”, comparte con un alivio momentáneo antes de recordar a quienes no han tenido esa misma suerte: “Hay muchas familias que todavía esperan noticias”.

La situación es crítica. La falta de electricidad y comunicaciones está haciendo casi imposible conocer el verdadero alcance del desastre. Él mismo cuenta que ya se hablan de centenares de fallecidos mientras cientos siguen atrapados entre escombros: “Al país ya le quedaba poco para arruinarse y esto lo terminó de hundir”, reflexiona con resignación.

Los sismos golpearon el norte del país como un ladrón en la noche, derrumbando edificios y sembrando pánico desde Caracas hasta otros rincones olvidados. Las autoridades han declarado estado de emergencia mientras los equipos trabajan contrarreloj para rescatar a quienes aún podrían estar vivos.

Según Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, al menos 32 personas han perdido la vida y más de 700 están heridas; sin embargo, eso podría ser solo la punta del iceberg. El Servicio Geológico de EE.UU., por su parte, lanza cifras aterradoras sobre posibles víctimas que van desde 10.000 hasta 100.000 personas.

Mientras tanto, Jesús García sigue pegado al teléfono esperando esa llamada que calme sus nervios; ese sonido que le confirme que sus seres queridos están vivos es todo lo que necesita escuchar en este momento tan sombrío.

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