En la mañana del martes, la Audiencia de Palma fue testigo de una historia desgarradora. Un hombre se sentó frente al tribunal y, con voz temblorosa, expresó su pesar: “Quiero aprovechar para pedir disculpas; es el error más grande que he cometido en mi vida”. En un momento de oscuridad personal, atrapado por las garras del alcohol y la cocaína, su mente no funcionaba como debería. Su remordimiento era palpable: “He dejado a una madre desamparada”, decía mientras reflexionaba sobre sus decisiones.
El momento fatídico en Llucmajor
Este hombre ha sido condenado a tres años de prisión tras atropellar a un joven repartidor en Llucmajor, pensando erróneamente que era el novio de su expareja. La escena se desarrolló la noche del 2 de abril de 2024, cuando él, al volante de un Peugeot 308, buscaba vengarse de quien creía que le había robado el amor. Pero todo cambió cuando vio a un chico en moto entregando comida y decidió seguirlo.
La víctima, ajena a lo que estaba sucediendo, terminó aparcando su moto para hacer una entrega. Fue entonces cuando el acusado hizo algo impensable; esperando detrás del repartidor y confundiendo las intenciones del conductor del coche. Al arrancar su moto e incorporarse a la carretera, nada podía prepararlo para lo que vendría después. De repente, el Peugeot aceleró brutalmente y lo embistió con tal fuerza que lo derribó.
A pesar del impacto devastador y los gritos desesperados del autor preguntándole si era el novio de su ex: “¿Eres M.? No. ¡Pues ahora vas y lo cascas!”. El motorista sufrió lesiones significativas pero tuvo suerte; el casco amortiguó parte del golpe. Después de huir brevemente, este hombre se entregó horas más tarde a la Guardia Civil.
Aunque ha aceptado su culpabilidad y prometió reparar el daño —10.000 euros para la víctima— queda claro que este episodio será una carga pesada en su conciencia por siempre.”