La escena estaba montada. En las puertas del antiguo cuartel de Son Busquets, un acto del PP se convirtió en el epicentro de la controversia. El alcalde de Palma, Jaime Martínez, y su equipo se vieron envueltos en una tormenta provocada por las acusaciones lanzadas por la izquierda. Se les señala, y con razón, de «paralizar Son Busquets» para sacar rédito electoral. Pero, ¿es esto realmente cierto?
Un acto cargado de tensión
Mientras el diputado popular Elías Bendodo y miembros de la Associació de Veïns del Parc de Ses Fonts tomaban la palabra, las entidades históricas como ARCA o Joves Arquitectes de Mallorca se quedaron fuera, dejando claro que no están dispuestas a tragarse este cuento.
Casa 47, un referente ciudadano en estos debates, no tardó en alzar la voz: llevan cinco meses esperando una respuesta sobre el proyecto y lo único que obtienen son silencios ensordecedores desde Cort. La concejala Neus Truyol, visiblemente indignada, lanzó críticas directas al PP: «Esto es un espectáculo electoral más que un compromiso real con los ciudadanos».
Aquí no estamos hablando solo de ladrillos; hablamos de viviendas necesarias para los palmesanos que luchan día a día. Según el socialista Pepe Martínez, hay 831 viviendas protegidas atrapadas en un laberinto burocrático sin salida visible. Y mientras tanto, ¿dónde queda la participación ciudadana? Aquel evento se sintió más como una campaña que como un diálogo auténtico con los vecinos.
No podemos olvidar que detrás de esta parálisis hay intereses ocultos. Al final del día, lo único que parece crecer aquí son los negocios inmobiliarios mientras las necesidades reales quedan olvidadas bajo el polvo del desprecio político.

