En una tarde cualquiera del 16 de septiembre, dos jóvenes, de apenas 18 y 19 años, decidieron que era buena idea robar un coche que encontraron abierto en un aparcamiento del Pont d’Inca. La historia comienza con la despreocupación del propietario, quien dejó su turismo estacionado sin pensar que podría ser víctima de un robo. Pero lo que parecía una simple aventura acabó en un desastre: los chicos causaron graves daños a la carrocería del vehículo.
Una situación inesperada
Los agentes del Área de Investigación de la Guardia Civil se enteraron rápidamente de lo sucedido. Al parecer, estos jóvenes entraron al edificio y se dirigieron al parking sin ningún reparo. Una vez allí, revisaron los coches hasta dar con uno que estaba abierto. ¡Qué suerte la suya!, pensaron. Pero no sabían que todo lo bueno tiene un precio.
Dentro del coche, tras un registro minucioso como si fueran unos expertos ladrones, encontraron una segunda llave y pudieron arrancar el motor sin dificultad. De esta manera, abandonaron el lugar como si nada hubiera pasado. Sin embargo, el dueño del vehículo no tardó en percatarse de la ausencia y dio aviso a la Guardia Civil.
Apenas unas horas después, alrededor de las 18:00 horas del día siguiente, los agentes estaban realizando un control cuando avistaron el coche robado circulando hacia ellos. Era casi irónico; el mismo vehículo que había sido robado estaba ahí delante. Con rapidez y eficacia, detuvieron a los ocupantes.
Al identificar a los jóvenes, descubrieron que el conductor ni siquiera tenía permiso para manejar y además el coche mostraba evidentes señales de haber sido maltratado. Tras devolver el vehículo a su legítimo propietario y proceder con las detenciones correspondientes, quedó claro que esta aventura les iba a costar mucho más que una simple noche de diversión.

