La noche del 12 de septiembre, el Passeig Marítim fue testigo de un accidente que nos deja con muchas preguntas. A eso de las 22:10 horas, un menor que circulaba ebrio en bicicleta decidió hacer ‘el caballito’, levantando la rueda delantera y, sin previo aviso, cruzó al carril bici. Lo cierto es que esto no acabó bien.
Un choque inesperado
El joven, según cuentan los testigos y el propio conductor del patinete, chocó frontalmente con este último tras incorporarse a la calzada de manera imprudente. Mientras el ciclista alegaba que perdió el control por pasar sobre un bordillo, lo cierto es que su comportamiento irresponsable podría haber causado consecuencias mucho más graves.
El impacto dejó al conductor del patinete con una lesión considerable en un pie; una ambulancia llegó rápidamente para llevarlo a un centro médico donde le diagnosticaron una posible fractura y varias contusiones. ¿Hasta dónde vamos a llegar cuando los jóvenes piensan que pueden jugar con su vida y la de otros?
Y como si no fuera suficiente, tras la prueba de alcoholemia realizada por los agentes de la Policía Local, se reveló que el chico tenía 0,66 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Las denuncias llegaron pronto: por circular bajo los efectos del alcohol y conducir de forma negligente con resultado de accidente. Sin embargo, al tratarse de una bicicleta y no un vehículo a motor, estas infracciones tienen otro camino administrativo.
No podemos ignorar lo preocupante de esta situación: ¿qué mensaje estamos enviando? Es hora de reflexionar sobre cómo cuidamos a nuestros jóvenes y les enseñamos responsabilidad porque incidentes como este podrían haberse evitado.

