Con la llegada de la temporada alta, los aparcacoches han hecho su regreso a lugares como Can Pere Antoni y el Portixol. La escena, que ya nos resulta familiar en Palma, vuelve a levantar ampollas entre quienes frecuentan estos rincones de la ciudad. Y es que la preocupación se siente en el aire, especialmente entre trabajadores y empresarios que no pueden ignorar las actitudes intimidatorias de algunos de estos jóvenes, muchos de ellos argelinos.
La situación se complica cuando un conductor no entiende lo que le piden. Ya ha habido episodios donde la tensión sube como la espuma. «Hay gente que se va asustada porque amenazan si no les dan dinero», comenta un trabajador local, quien ha sido testigo tanto este año como en años anteriores.
Un problema recurrente
No es raro ver cómo algunos turistas son coaccionados para dar una propina bajo el pretexto de cuidar su coche. «Se aprovechan del miedo de los visitantes», añade un vecino del Nou Llevant que pasa bastante tiempo en Can Pere Antoni. A menudo son coches de alquiler los más afectados, y muchos optan por marcharse antes de arriesgarse a algo desagradable.
A pesar de la presencia ocasional de la Policía Local, los ‘gorrillas’ parecen hacerse los despistados. Sin embargo, tenerles cerca sí parece hacerles pensar dos veces antes de actuar. El año pasado, las autoridades intensificaron su vigilancia y lograron controlar mejor a estas personas, pero al parecer este año ya están empezando a aparecer nuevamente en otros puntos turísticos como el Paseo Sagrera o el Paseo Marítimo.
El escaso espacio para aparcar sin pagar añade más presión sobre quienes intentan disfrutar del verano palmesano sin complicaciones. Al final, parece que estacionar gratis está más cerca del mito que de la realidad.

