La historia de la reforma de Son Boter está a punto de dar un giro emocionante. Con el viento a favor, estas obras en la Fundació Miró Mallorca se prevé que terminen antes de que acabe el año. ¿El objetivo? Preservar esos preciosos grafitos que Joan Miró dejó sobre las paredes y evitar que se sigan desvaneciendo.
Con un presupuesto cercano a los 900.000 euros, el reto principal no es sencillo. El equipo ha comenzado su andanza en noviembre y, hasta ahora, han completado un 30% del proyecto. Están trabajando duro para consolidar la estructura, impermeabilizar y proteger esos valiosos trazos que cuentan historias perdidas.
Cuidando el legado de Miró
No podemos olvidar lo que realmente importa: los grafitos de Miró y cómo mantener viva la esencia de esta ‘possessió’ mallorquina. Anna Ibarz, parte del equipo arquitectónico junto a Joan Fortuny y Joan Muñoz, nos recuerda con pasión: “Todo lo que hagamos debe estar enfocado en conservar estos tesoros”. Mientras tanto, las restauradoras Marina Granero y Zaira Bordoy están trabajando codo con codo para asegurar cada trazo visible e invisible.
A través de una iluminación ultravioleta especial, será posible revelar esos detalles ocultos que ahora solo son sombras en nuestras memorias. “No se trata solo de conservar lo visible, sino también de rescatar lo olvidado”, añade Ibarz con esperanza.
No todo es fácil; hay desafíos por delante. La conservación también dependerá del control constante sobre la humedad y la temperatura dentro del espacio. Pero Fortuny enfatiza: “Es un material vivo y efímero”, refiriéndose al constante deterioro del arte si no se toman medidas adecuadas.
A medida que avanzan las obras, hay momentos para celebrar: las vigas originales se han mantenido intactas en muchos casos, mientras otras han tenido que ser reconstruidas con materiales modernos como fibra de carbono. Y aunque las losas del suelo aún conservan manchas de pintura, esas marcas son parte integral del relato visual de Son Boter.
Bajo esta laboriosa rehabilitación late el deseo colectivo por preservar nuestro patrimonio cultural. Como bien dijo Antònia Maria Perelló, directora de la Fundació Miró: “No podemos detener el tiempo, pero sí desacelerarlo”. Así avanza esta historia llena de arte y esfuerzo comunitario.

