En la mañana del 11 de octubre, la tragedia volvió a golpear a Nepal. En el distrito de Gorja, las recientes inundaciones han dejado a cinco personas desaparecidas y un rastro de destrucción que nos hace reflexionar sobre la fragilidad de la vida. Las autoridades no han tardado en dar la voz de alarma, informando que hasta 47 valientes han sido rescatados tras las violentas crecidas del río Budhi Gandaki, que ha arrastrado lodo y escombros, convirtiendo lo que era hogar en un recuerdo lejano.
Un esfuerzo colectivo ante la adversidad
La zona más afectada se encuentra entre Lokpa y Chumling, donde el desasosiego se apodera de los corazones al saber que dos mujeres y tres hombres están desaparecidos. Para hacer frente a esta crisis, el Ejército ha movilizado cuatro helicópteros de rescate y ha evacuado a otras 47 personas atrapadas en medio del caos. En total, más de 437 efectivos —127 militares y 133 policías— están trabajando incansablemente para mitigar los efectos de estas devastadoras inundaciones.
Las autoridades instan a quienes aún permanecen en las áreas afectadas a buscar refugio en zonas seguras y evitar cualquier paso por puentes o carreteras que puedan resultar peligrosos. No olvidemos que este no es un suceso aislado; el pasado 26 de agosto ya habíamos visto cómo una riada cerca de la frontera con China cobraba más de 1.500 vidas y dejaba a más de 6.150 personas desaparecidas. La cifra sigue creciendo: según datos oficiales, al balance se suman ahora 43 muertos y más de 500 desaparecidos del lado chino.
Incluso India se ha visto golpeada por esta tragedia, confirmando el hallazgo de al menos tres cuerpos arrastrados por las aguas hacia su territorio. La situación exige nuestra atención y solidaridad; no podemos permanecer indiferentes ante esta crisis humanitaria que continúa desarrollándose.

