MADRID, 11 Jul. (EUROPA PRESS) – En un momento tenso como pocos, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Mohamed bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudí, intercambiaron palabras este sábado sobre la complicada situación que se vive en Irán. No fue una charla cualquiera; tras días de bombardeos cruzados y advertencias norteamericanas sobre el estrecho de Ormuz, la conversación tenía mucho peso.
Un análisis profundo en tiempos difíciles
El Ministerio de Exteriores saudí no dudó en enviar un comunicado resaltando que ambos líderes profundizaron en los temas candentes que afectan a la región. La seguridad marítima se convirtió en el eje central de su diálogo, con un claro mensaje: hay que proteger las rutas marítimas y trabajar por una estabilidad duradera.
Este contacto llega justo cuando Estados Unidos lanzó otra amenaza contundente: Irán tiene hasta hoy para declarar públicamente su compromiso con la navegación libre y segura por el estrecho de Ormuz. Funcionarios estadounidenses no se anduvieron con rodeos; exigieron que Teherán haga pública esta declaración y detenga sus ataques contra buques mercantes. Un ultimátum que deja poco espacio para las dudas.
En medio del torbellino diplomático, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, llegó este sábado a Mascate, Omán. Su misión es nada menos que abordar este complejo panorama negociador. Allí fue recibido por su homólogo omaní, Badr al Busaidi; un viejo conocido en estas lides desde antes del estallido de la guerra en febrero pasado.
A medida que avanzan las horas y las tensiones parecen aumentar, todos nos preguntamos: ¿qué pasará si no hay acuerdo? El reloj corre y el futuro es incierto.

