En un giro desgarrador de los acontecimientos, más de 4.000 personas han perdido la vida debido a los devastadores terremotos que sacudieron el centro de la costa venezolana el pasado 24 de junio. Las cifras son escalofriantes y nos recuerdan lo frágiles que somos ante la fuerza de la naturaleza.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, compartió en sus redes sociales que el último balance eleva a 4.118 el número de fallecidos, lo que representa un aumento preocupante con respecto a informes anteriores. Además, las autoridades confirman que hay 16.740 heridos, resultado de dos seísmos potentes, uno con magnitud 7,5 y otro con 7,2 en la escala Richter.
La situación es crítica
No solo las vidas humanas se ven afectadas; alrededor de 856 edificios han sufrido daños severos, y lamentablemente, 190 han colapsado por completo. La tragedia no termina ahí; más de 17.900 personas han perdido sus hogares, dejando a muchas familias en una situación desesperada.
A pesar del caos, hay un esfuerzo notable por parte del gobierno y organismos internacionales. Hasta ahora, se han atendido a 86.794 familias, rescatando a 6.462 personas, y distribuyendo más de 9.766 toneladas de alimentos. Sin embargo, el desafío sigue siendo monumental.
Cerca de 3.454 rescatistas internacionales, junto con unos impresionantes 30.076 efectivos locales, están trabajando día y noche para mitigar el impacto causado por estas violentas sacudidas que ya han dejado tras de sí más de 1.171 réplicas.
Mientras tanto, Delcy Rodríguez, presidenta encargada del país, ha estado sobre el terreno supervisando las obras necesarias para reconstruir infraestructuras dañadas en Macuto, una zona particularmente golpeada por esta catástrofe.

