En un escenario de tensiones palpables, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha aterrizado este sábado en Mascate, la capital de Omán. Este país, conocido por su papel como mediador en conflictos regionales, se convierte una vez más en el telón de fondo de una crisis que no parece tener fin. Las negociaciones con Estados Unidos atraviesan un momento crítico, marcado por una semana intensa de bombardeos y ahora un nuevo ultimátum lanzado desde Washington.
Araqchi fue recibido por Badr al Busaidi, su homólogo omaní, quien hasta hace poco estaba facilitando el diálogo entre ambas naciones sobre el controvertido programa nuclear iraní. Sin embargo, todo se complicó tras la escalada militar que estalló el 28 de febrero con ataques conjuntos de EE.UU. e Israel sobre varias localidades en Irán.
Ultimátum y tensiones crecientes
La situación es crítica: Estados Unidos ha exigido a Irán que haga una declaración pública antes del cierre del día reconociendo la apertura del estratégico estrecho de Ormuz para garantizar la navegación libre y segura. En palabras contundentes de funcionarios estadounidenses, se está presionando para que Teherán “se comprometa a cesar los ataques contra buques mercantes”. Estas demandas han llegado a los oídos iraníes tanto directamente como a través de intermediarios como Pakistán y Qatar.
El clima es tenso y la presión aumenta. ¿Hasta dónde llegarán ambos países? El mundo entero sigue expectante ante este delicado tira y afloja diplomático que podría desencadenar consecuencias impredecibles.

