Cuando hablamos de Eurovisión, muchos piensan en luces brillantes, melodías pegajosas y un ambiente festivo. Pero para Betty Missiego, Lydia y Miki Núñez, los únicos representantes de España que han vivido este certamen en Israel, esa imagen se torna completamente distinta. En sus relatos, la tensión era palpable; incluso llevaban guardaespaldas armados. «Se respiraba un mal rollo», confiesa Lydia, quien participó en 1999 con su tema ‘No quiero escuchar’.
Una historia marcada por el conflicto
A lo largo de la historia de Eurovisión, cada vez que Israel ha sido el anfitrión, el festival ha estado envuelto en conflictos armados. A pesar de los intentos por hacer brillar la música sobre las armas, es difícil ignorar el trasfondo bélico que ha estado presente. Desde 2023, con la escalada del genocidio en Gaza, disfrutar del evento se ha vuelto aún más complicado.
Noam Bettan es el candidato israelí para este año y si gana, sería otra oportunidad para que Israel vuelva a albergar Eurovisión. Sin embargo, solo tres artistas españoles han tenido que lidiar con las protestas y sabotajes durante su participación.
Volviendo a 1978 cuando Israel ganó por primera vez mientras comenzaba la invasión al sur de Líbano; ese año Jordania cortó la transmisión justo después de la victoria y anunció que Bélgica había ganado. Betty Missiego fue parte de esta historia en 1979; a pesar de quedar segunda con su actuación junto a un coro infantil, las circunstancias políticas nublaron ese logro.
Lydia recuerda con amargura su experiencia: «Era una época tensa entre España e Israel debido a nuestras posturas sobre Palestina». La presión era tal que ella y su equipo estaban alojados en un hotel distinto al resto de los delegados. Terminaron 23ª con solo un punto; una dura realidad para alguien cuyo sueño siempre había sido brillar en este escenario.
Y Miki Núñez no fue ajeno a todo esto tampoco. Aunque venía del fenómeno televisivo ‘Operación Triunfo’, él también tuvo que enfrentarse a críticas por la elección del país sede: «La actitud hubiera sido diferente si hubiéramos ido a otro lugar», decía Natalia Lacunza respecto al asunto.
Así sigue vigente una pregunta: ¿por qué seguir legitimando un país donde las injusticias están tan presentes? Mientras Noam canta y recibe aplausos, Gaza continúa sufriendo bajo el peso del conflicto. La música debería ser una celebración, pero ¿cómo puede serlo cuando hay tanto sufrimiento detrás?

