En una tarde aciaga en Oviedo, el Sevilla se vio arrastrado a la orilla del descenso tras caer 1-0. Un gol de Fede Viñas, que parecía un espectador hasta entonces, dejó al cuadro hispalense a tan solo dos puntos de los puestos de peligro. Y como si eso no fuera suficiente, la expulsión de Nianzou en el minuto 37 complicó aún más las cosas para un equipo que no logra encontrar el rumbo desde hace semanas.
Un debut complicado
No fue fácil para Luis García asumir las riendas del Sevilla en este contexto tan delicado. Desde el pitido inicial, su estrategia parecía ser contener y esperar un destello de magia que le diera la victoria. Sin embargo, ese plan se desmoronó cuando Viñas, en una jugada de esquina, se elevó solo para abrir el marcador con una facilidad desconcertante. En un instante, lo que podía haber sido una jornada tranquila se transformó en un auténtico calvario.
Después llegó la expulsión de Nianzou. El central sevillista entró al balón dividido con demasiada intensidad y vio cómo Hernández Hernández decidía mostrarle la roja directa. Las protestas de Luis García por una posible falta previa sobre su jugador cayeron en saco roto. Con uno menos y un gol encajado, el Sevilla quedó completamente descompuesto.
A pesar del intento por recomponer las filas tras el descanso, poco pudo hacer frente a un Oviedo que supo manejar la ventaja y mantener la calma con el balón en sus pies. Las llegadas eran escasas y cuando aparecían, como esa ocasión clara de Cazorla o algún intento tímido de Nacho Vidal, no lograban concretarse.
A medida que pasaban los minutos y los nervios iban in crescendo, todo hacía indicar que el triunfo local estaba más asegurado que nunca. Al final del encuentro, con tres minutos de añadido que parecieron eternos para García, quedó claro: se están acercando peligrosamente a esa zona roja sin red debajo.

