Cuando pensamos en el fútbol español, es imposible no mencionar a Unai Simón, un nombre que ha resonado con fuerza en cada rincón de nuestro país. Su primera imagen en MARCA, allá por enero de 2017, nos mostraba a un joven de 19 años, con una mirada decidida y las ganas de comerse el mundo. En esos días, la portería del Athletic Club atravesaba momentos inciertos; Kepa se había ido al Chelsea y Gorka Iraizoz ya no era el mismo. Fue entonces cuando Ernesto Valverde tomó la valiente decisión de darle una oportunidad al chaval de Murgia.
El camino hacia la gloria
A pesar de que su debut en el primer equipo tuvo que esperar hasta agosto de 2018, Unai nunca dejó de pelear. Regresó urgentemente desde Elche para ser suplente, pero eso no lo detuvo. Con cada entrenamiento, se fue consolidando como el guardián indiscutible del arco en San Mamés. Como bien dice Luis Enrique: «Es un portero buenísimo, de nivel top mundial». ¿Y qué más se puede pedir?
La historia continuó escribiéndose con tinta dorada cuando Unai comenzó a ser parte fundamental del equipo nacional. Desde su inclusión en la sub-16 hasta convertirse en titular absoluto en la selección mayor bajo el mando de Luis de la Fuente, su trayectoria ha sido meteórica.
Hoy, estamos ante uno de los pocos porteros españoles que ha vivido dos Mundiales. Mientras todos recordamos las decepciones pasadas en penaltis contra Rusia y Marruecos, él llega a 2026 como el meta con más experiencia en estas situaciones. Ha parado balones y también sueños ajenos; ha enfrentado tandas decisivas y siempre vuelve con más fuerza.
Con cada partido que juega, Unai Simón no solo defiende nuestra portería; construye un legado que va mucho más allá del campo. Cada parada es un grito silencioso: aquí estoy yo, listo para darlo todo por esta camiseta y por todos nosotros.

