En una reciente entrevista, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, no se anduvo con rodeos al criticar a España. La razón: su decisión de vetar el uso de las bases militares conjuntas y su espacio aéreo. Con la franqueza que le caracteriza, cuestionó el sentido de la OTAN si Estados Unidos no puede recurrir a estos recursos cuando más los necesita.
Rubio dejó claro que este comportamiento es problemático para un país que forma parte de la alianza atlántica. “¿Qué gana Estados Unidos?”, se preguntó, aludiendo a cómo naciones como España parecen jactarse de negar acceso a sus instalaciones. “Estas bases nos dan influencia y flexibilidad en todo el mundo”, argumentó, mientras daba un golpe sobre la mesa sobre lo que realmente significa ser parte del tratado.
Un acuerdo lleno de interrogantes
La frustración era palpable en sus palabras. Según él, si la OTAN solo se convierte en un escudo para Europa ante agresiones, pero luego restringe acceso a las bases en momentos críticos, ¿qué tipo de pacto es ese? “Es difícil mantener un compromiso así”, admitió. Y no solo eso; recordó que hay miles de soldados estadounidenses en Europa y millones invertidos en armamento para proteger a otros, no necesariamente a casa.
Mientras tanto, también tuvo tiempo para abordar temas candentes como Irán y Cuba. En cuanto al primero, dejó claro que nunca permitirán que Teherán tenga armas nucleares porque eso podría desencadenar un verdadero desastre global. Y sobre la situación cubana, se mostró contundente: los apagones son culpa de una infraestructura obsoleta y una gestión incompetente del régimen actual.
Así están las cosas; entre promesas vacías y realidades incómodas, Rubio nos recuerda lo frágil que puede ser la seguridad internacional cuando algunos países deciden jugar solos.

