En las Islas Baleares, donde el sol brilla con fuerza y el turismo parece no dar tregua, se ha desatado una polémica que nos toca a todos. Una cuarentena de macroparcs solares están a punto de eludir prohibiciones mientras la comunidad observa atónita. La industrialización fallida de Lloseta es la raíz de todo este embrollo que se asemeja a un colador, dejando pasar más problemas que soluciones.
¿Y qué pasa con nuestro entorno?
No podemos ignorar que esta saturación turística y la presión humana están arrasando nuestro hogar. El GOB ha alzado la voz para denunciar cómo en Cala Tuent, el turismo parece tener más mando que la conservación del paisaje natural. A nadie le gusta ver su entorno convertido en un escaparate turístico vacío de alma. Y hablando de vacíos, ¿qué pasa con los residuos? El Ayuntamiento de Llucmajor está lleno de basura y no hay quien recoja lo que queda por ahí tirado.
A medida que avanzamos, nos enteramos también del accidente del cantante mallorquín Jaume Anglada, quien fue atropellado por un coche que se dio a la fuga. Una tragedia más en una realidad donde los empleos turísticos caen como piezas de dominó; en solo un trimestre han disminuido un 10,7%. Mientras tanto, el futuro solar del barrio Son Sardina se convierte en otra promesa olvidada entre pisos y cemento.
Sara del Mar García, representante de las Kellys, comparte su preocupación: “No hemos tenido ningún contacto con el nuevo Gobierno”. Y así seguimos… sin rumbo claro en medio de tantos cambios y promesas incumplidas.

