En Menorca, la situación se ha vuelto crítica. La escasez de agua está dejando huella y el eco de las advertencias ya resuena en cada rincón de la isla. «En dos o tres años no quedará ninguna sargantana», afirman los expertos, y nosotros no podemos quedarnos callados ante esta realidad que se nos presenta tan sombría.
La alarma suena en Menorca
El GOB ha levantado la voz, señalando la inminente amenaza que representa la macrogranja de gallinas de Son Brau, situada demasiado cerca de na Borges, una zona protegida que debería ser un refugio para nuestra fauna autóctona. Esto es un auténtico disparate; parece que se nos va a acabar el sentido común junto con los espacios naturales.
Mientras tanto, las polémicas no cesan. En Bunyola, algunos decidieron expresar su descontento con petardos e insultos hacia un regidor; esto es solo un reflejo del ambiente tenso que se respira en nuestras comunidades. La gente está cansada y empieza a perder la paciencia ante decisiones que parecen dejar a los ciudadanos al margen.
Nuestra historia está entrelazada con estos espacios naturales, pero parece que algunos están dispuestos a tirarlo todo por la borda por intereses privados. Como bien dicen los directores escolares en su lucha contra el decreto sobre los comedores: «La escuela pública no puede ser el soporte de empresas privadas». Esto nos hace reflexionar sobre qué valor le estamos dando a lo público y si realmente queremos seguir cediendo ante quienes ven solo números en lugar de almas.

