Una mañana cualquiera en Palma se convirtió en un escenario inesperado cuando un grupo de okupas fue delatado por una acalorada discusión. En la calle Gumersindo, los vecinos, alarmados por los gritos, no tardaron en reaccionar. ¿Quiénes eran esos intrusos que se atrevían a ocupar un edificio recién construido? Las dudas flotaban en el aire mientras algunos residentes sacaban sus teléfonos para capturar las imágenes de lo que estaba sucediendo.
Intervención rápida y sorpresas inesperadas
Los okupas, que incluso llegaron con un colchón en la baca de un coche, estaban intentando hacerse con el control de lo que muchos consideran el “mejor piso” del nuevo edificio número 10. Pero su plan se desmoronó rápidamente gracias a la rápida intervención de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional. Los agentes, al llegar al lugar, se encontraron con una situación confusa: los intrusos afirmaban haber comprado las viviendas a un misterioso hombre.
Sin embargo, tras hablar con varios vecinos y consultar al promotor del inmueble, quedó claro que esa versión era más falsa que un billete de tres euros. El constructor confirmó que solo había estado haciendo trabajos de albañilería recientemente y que las viviendas todavía no estaban listas para ser entregadas a sus futuros propietarios.
Finalmente, tras una conversación cordial pero firme con la policía, los okupas optaron por abandonar el edificio. Una historia más que nos recuerda cómo cada rincón puede esconder sorpresas y conflictos inesperados en nuestra comunidad. Y mientras algunos luchan por establecerse donde no deben, otros intentamos proteger lo nuestro.