La historia de Diego Poncelet es la de un mallorquín que, con determinación y coraje, ha logrado hacerse un hueco en el Libro Guinness de los Récords. Este joven nacido en Ciudad de México en 1999, pero con raíces firmes en la Isla, acaba de superar un hito que muchos solo pueden soñar. En septiembre, se plantó frente a una pendiente cerrada en la Route des Éboulements, Canadá, decidido a batir el récord anterior de velocidad sobre una tabla.
Una meta que parecía inalcanzable
Poncelet se enfrentaba al reto de superar los 146’73 km/h, marca establecida por el canadiense Pere Connolly en 2017. Y no solo lo logró; lo hizo con una diferencia sorprendente, alcanzando nada menos que 151,83 km/h, ¡una barbaridad! Aquel momento fue culminante para él y un sueño hecho realidad tras meses de sacrificio y preparación. “Nunca pensé que podría llegar a los 150 km/h; era algo aterrador”, confesó después del emocionante intento. Pero la satisfacción llegó cuando superó esos límites personales: “Solo cuando llegué a 151 me sentí realmente eufórico”, expresó mientras sus ojos brillaban con orgullo.
Esa hazaña no fue solo cuestión de suerte. La preparación fue meticulosa: días esperando las condiciones perfectas y cálculos precisos sobre cada aspecto técnico del equipamiento. La rampa tenía 2’2 kilómetros y una inclinación del 18%, además contaba con vientos favorables entre 10 y 14 km/h durante su descenso. Todo esto bajo el ojo experto de su tío, Miguel Sánchez-Cuenta, meteorólogo reconocido que le ayudó a analizar cada detalle meteorológico.
Poncelet no solo cuenta con talento natural; su camino hacia este récord ha estado respaldado por un equipo impresionante que incluye entrenamiento físico intenso y hasta apoyo mental. Su relación especial con un monje zen francés ha sido clave para él: “Su apoyo es decisivo; me acompaña por todo el mundo”, comenta agradecido.
A medida que la noticia se extiende como la pólvora, Diego se sitúa entre las leyendas del deporte extremo, demostrando que con esfuerzo y pasión se puede alcanzar cualquier meta soñada. La comunidad patinadora ya tiene un nuevo ícono al cual mirar hacia arriba.

