Imagina un escenario donde el tenis no solo es deporte, sino también un acto de valentía. En enero de 1969, mientras la Guerra de Vietnam estaba en su apogeo y las noticias hablaban de más de 200.000 bajas, Arthur Ashe y su equipo decidieron hacer algo diferente. Con un trasfondo bélico aterrador, se lanzaron a Saigón para jugar exhibiciones frente a las tropas americanas y sudvietnamitas. Aunque muchos pensaran que era una locura, ellos simplemente querían llevar un poco de esperanza y alegría a aquellos hombres en medio del caos.
Un partido entre disparos
Era una época convulsa; la Ofensiva del Tet había demostrado que el enemigo estaba muy presente. Pero Ashe, quien ya había hecho historia como el primer afroamericano en ganar el US Open, no se echó atrás. Acompañado por figuras como Stan Smith y Bob Lutz, se plantaron en una pista apenas iluminada del Cercle Sportif, donde cada golpe podía ser interrumpido por el sonido lejano de los bombardeos.
A pesar del riesgo evidente, Ashe se mostró valiente: «No me hubiera sorprendido que nos dispararan un cohete durante el partido», confesó después. Y aunque nadie resultó herido esa noche fatídica, sí surgieron críticas hacia él por servir al ejército mientras otros atletas como Mohamed Alí rechazaban ser reclutados.
La complejidad de la vida durante la guerra no era fácil de ignorar. Muchos lo llamaron ‘Tío Tom’ por colaborar con un sistema que aún luchaba con sus propios demonios raciales. Sin embargo, Ashe nunca dejó que esas palabras lo detuvieran; su lucha contra el apartheid sudafricano sería solo uno de sus muchos legados sociales.
Aunque Arthur tuvo suerte al evitar ir al frente gracias a su hermano Johnnie, quienes vivieron la guerra nunca olvidarán las cicatrices que dejó en sus almas y corazones.

