El próximo 20 de enero, Joan Fageda soplará noventa velas, y lo hace con un humor mordaz que solo él sabe expresar: «si no me voy antes», comenta entre risas. Este veterano político fue el alcalde de Palma entre 1991 y 2003, y ha dedicado dos décadas a la política municipal. El mes pasado, en un emotivo acto, se homenajeó a todos los alcaldes democráticos de la ciudad, donde Fageda se reencontró con viejos compañeros y adversarios. Sin embargo, su mirada nostálgica revela que aún echa de menos a muchos.
Recuerdos y reflexiones sobre la política
Cuando le preguntamos si añora el Ajuntament de Palma, sus ojos brillan: «Volver a la sala de plenos me emociona. Me acuerdo mucho de aquellos que ya no están aquí». A pesar de sus dificultades para moverse por las escaleras del edificio, su pasión por la política sigue intacta. Y es que este hombre no solo fue un líder; fue parte esencial del latido de una ciudad en crecimiento.
Fageda recuerda con cariño sus años en el consistorio: «Comencé como opositor junto a Ramón Aguiló. Teníamos buenas relaciones incluso con los socialistas». Su capacidad para mantener amistades políticas es admirable y refleja su carácter afable, aunque también reconoce las complicaciones físicas que enfrenta hoy en día.
Sobre los cambios en la sala del pleno dice con ironía: «Ahora el rey está relegado a una esquina… ¡y yo lo recuerdo presidía!» Habla sobre las visitas ilustres que trajo a la isla durante su mandato y menciona una lista impresionante de personajes históricos que han pisado Palma gracias a sus gestiones. Con nostalgia también recuerda cómo eran los plenos: largas jornadas llenas de humo y debates intensos.
Aunque se siente orgulloso por todo lo realizado durante su tiempo como alcalde —incluyendo planes esenciales para mejorar infraestructuras— no oculta su preocupación por el presente: «Palma necesita vivienda e infraestructuras urgentes». A medida que discute la creciente demanda habitacional debido al turismo desmedido y las inversiones extranjeras, es evidente que su amor por esta ciudad sigue vivo.
Sin embargo, no todo son recuerdos; también hay críticas hacia cómo se manejan hoy los problemas urbanos: «Las mayorías absolutas son cosa del pasado», sostiene con firmeza. El cambio social es evidente, pero Fageda mantiene siempre una visión optimista sobre el futuro.
Finalmente, reflexiona sobre los retos actuales mirando hacia adelante: «Es triste ver cómo está el mundo hoy; pienso en mis cinco nietos y me duele pensar qué futuro les dejaremos». Así es Joan Fageda, un hombre lleno de historia cuya voz resuena aún fuerte en las calles de Palma.

