¿Alguna vez te has preguntado qué hay bajo las calles de Palma? Muchos ciudadanos ignoran que, justo debajo de sus pies, se esconden vestigios de la historia: los refugios antiaéreos. Durante la Guerra Civil, se construyeron 130 refugios públicos y otros 600 privados. Imagina esos espacios subterráneos, pensados para proteger a la población de los bombardeos que aterrorizaban la ciudad.
Un viaje al pasado con Bartomeu Fiol Coll
Bartomeu Fiol Coll, un apasionado investigador que ha dedicado más de dos décadas a desenterrar esta historia, nos cuenta cómo su curiosidad se transformó en un vasto trabajo documental. Sus libros, como Els refugis antiaeris de Palma i la defensa passiva a Mallorca durant la Guerra Civil, son un testimonio del valor y el miedo que vivieron aquellos tiempos.
A medida que avanzaba el siglo XX y las amenazas aéreas se hacían más reales, surgió la necesidad urgente de estos espacios seguros. Desde 1937 comenzaron a erigirse refugios subterráneos, largos y oscuros, diseñados para ser lo más profundos posible. Con entradas en zigzag para evitar ataques directos y sistemas de ventilación contra gases tóxicos, estos lugares eran una mezcla entre protección y angustia.
Los refugios públicos estaban estratégicamente situados cerca de mercados concurridos, accesibles para todos en momentos de crisis. En contraste, los privados ofrecían seguridad dentro de fincas; ambos fueron construidos con esfuerzo manual y hasta dinamita en ocasiones. Bartomeu señala: «En solo unos meses podían estar listos». Pero no todo era tan sencillo; muchas veces estas salidas quedaban bloqueadas tras explosiones y las brigadas tenían que actuar rápidamente para salvar vidas.
Hoy en día, pocos pueden acceder a estos testimonios del pasado. Bajo la majestuosa Catedral se encuentra uno de ellos, aunque lamentablemente está en mal estado; uno de sus accesos está tapiado mientras que el otro permanece cerrado. La recuperación es un proceso complicado pero necesario.
Recientemente el Consell de Mallorca ha empezado a catalogar estos importantes lugares como primer paso hacia su protección y posible visita pública futura; sin embargo, Bartomeu recuerda que esto requiere tiempo. A diferencia de ciudades como Barcelona o Bilbao donde existen visitas guiadas a sus refugios antiaéreos, aquí aún queda mucho por hacer.
No podemos olvidar que durante aquellos oscuros años hubo historias trágicas: ataques que acabaron con la vida de al menos cien personas y desgarradoras pérdidas familiares que aún resuenan hoy entre nosotros.

