La acampada por el derecho a la vivienda en Palma sigue firme, decidida a permanecer indefinidamente en su lucha. En medio de la polémica por el intento de desalojo que ha lanzado el alcalde, Jaime Martínez, los acampados no se muerden la lengua. «Es muy fácil hablar de desalojos cuando uno vive cómodamente en una casa», comentan con un tono crítico y desafiante.
Los participantes aseguran que son más de un centenar los que están allí, aunque prefieren no dar cifras exactas. Lo que sí está claro es su determinación: no tienen intención de levantar el campamento hasta que se escuche su demanda de acceso a una vivienda digna. Y es que las fuerzas del colectivo están ahora volcadas en la próxima huelga general, además de seguir organizando actividades políticas para mantener viva su causa.
Una voz colectiva contra el machismo institucional
El movimiento también respalda una denuncia conjunta hecha por el Colectivo Flama y la Acampada per l’Habitatge, quienes critican lo que consideran un uso del feminismo por parte del alcalde para justificar el desalojo. En un comunicado reciente, ambos colectivos afirmaron que el Ayuntamiento ya había solicitado desalojar antes incluso de conocer las denuncias sobre conductas machistas dentro del espacio. “No podemos permitir que esto se use como excusa para disolver nuestra protesta”, sostienen firmemente.
Aseguran haber escuchado a las afectadas y haber tomado medidas al respecto, alejando a quienes generaban inseguridad y estableciendo protocolos para cuidar y atender a todas las personas involucradas. Sin embargo, lamentan que en lugar de acercarse para dialogar sobre sus necesidades reales, el Consistorio mantenga su postura firme hacia el desalojo.
Lo cierto es que esta acampada continúa siendo un símbolo visible de la crisis habitacional. La tensión entre sus miembros y las autoridades municipales no parece tener fin; ellos están decididos a luchar por sus derechos mientras los responsables políticos parecen más interesados en poner fin al conflicto que en buscar soluciones reales. A medida que avanza esta historia, queda claro que cada vez hay más voces alzándose en defensa del derecho fundamental a tener un hogar.

