El pasado domingo, un nuevo capítulo de dolor se escribió en Kiev. El ataque masivo de las fuerzas rusas ha dejado un trágico saldo de cinco muertos y más de 90 heridos en la capital ucraniana y sus alrededores. Así lo confirmaron las autoridades, que cada vez ven cómo la cifra de víctimas aumenta mientras los ecos de las explosiones aún retumban en la memoria.
Una tragedia que no cesa
Según la Policía ucraniana, el número de fallecidos por este brutal ataque del 24 de mayo se ha incrementado a tres personas en Kiev, con restos humanos hallados entre los escombros del distrito de Shevchenkivski. Una mujer que vivía allí figura entre los desaparecidos. La angustia y la incertidumbre son palpables, y las pruebas de ADN se convertirán en el último recurso para dar respuestas a las familias.
Los equipos de rescate han trabajado incansablemente y lograron salvar a trece personas atrapadas bajo los escombros, pero la realidad es desgarradora: 92 heridos se cuentan hasta ahora, incluidos tres menores. Esos números son más que cifras; representan historias truncadas y sueños apagados.
Aunque el alcalde Vitali Klitschko había informado previamente sobre dos muertes y 86 heridos, el tiempo solo ha traído más tristeza. Además, se han confirmado otras dos víctimas en las localidades cercanas de Bucha y Obujiv. El jefe administrativo regional Mikola Kalashnik confirmó que nueve personas más resultaron heridas en estos ataques contra la periferia.
La comunidad sigue siendo golpeada una y otra vez por esta guerra implacable; cada número es una vida rota. Y aquí estamos nosotros para recordarlo.

