El pasado domingo, el Ayuntamiento de Inca se vistió de luto para recordar a Mari Carmen García Guevara, la mallorquina que nos dejó trágicamente en el accidente ferroviario de Toledo. En la plaza de Santa Maria la Major, un silencio profundo envolvió a las decenas de personas que se reunieron para rendir homenaje a esta joven de solo 26 años. El alcalde, Virgili Moreno, no pudo contener la emoción al decir: «Mari Carmen era una joven muy querida en esta ciudad». Hoy, más que nunca, es vital estar junto a su familia y amigos.
Mari Carmen había crecido en Inca, asistiendo al instituto Berenguer d’Anoia antes de embarcarse en su aventura profesional en Madrid. Desgraciadamente, ese viaje que debería haber sido un paso más en su carrera se tornó en tragedia. «Era una inquera más», continuó el alcalde con voz temblorosa mientras recordaba cómo recibió numerosas llamadas preocupadas tras el siniestro; todos querían ayudar porque nadie sabía dónde estaba ella.
Un minuto que habla más que mil palabras
A pesar de los festejos por la fira de Inca, todo se detuvo puntualmente a las 11:30 horas para guardar un minuto de silencio. «Hemos hecho este tributo en el corazón mismo de nuestra fira», explicó Moreno. La solemnidad del momento fue palpable; pocos han visto tal silencio durante tantos años llenos de alegría y bullicio. Era nuestro modo colectivo de abrazar a su familia.
Mari Carmen viajaba por trabajo cuando ocurrió el desastre. Ocupando el asiento 19B del vagón 7 del AVE hacia Sevilla, iba acompañada por tres compañeros; entre ellos estaba María, quien lamentablemente sufrió lesiones graves y permanece ingresada en la UCI del Hospital Universitario de Toledo. Mientras tanto, sus padres llegaron rápidamente a Toledo con la esperanza angustiosa de encontrarla viva tras enterarse del accidente que ya ha dejado un trágico saldo de 69 fallecidos.
La búsqueda desesperada por parte de familiares y amigos no cesó hasta que finalmente llegó la confirmación oficial por parte de la Guardia Civil: Mari Carmen era una víctima más. Un eco desgarrador que resuena no solo en Inca, sino también en nuestros corazones.

