La historia de El Pablo es una narrativa que se entrelaza con el pulso del barrio de La Soledat, en Palma. Este patriarca del narcotráfico ha dedicado su vida a construir un imperio, un sueño que va más allá de sí mismo, buscando asegurar que sus hijos y nietos tengan una vida que él nunca pudo disfrutar. ¿Quién es este hombre? Con 65 años a cuestas y más de cuatro décadas en el negocio, su trayectoria no se puede pasar por alto.
Un viaje desde la modestia hacia el poder
Pablo Campos Maya llegó a Mallorca procedente de Granada en los años 80, y desde entonces ha estado tejendo su red. Su primer arresto fue en mayo del 85 por tráfico de drogas, pero eso solo fue el comienzo. «Es un señor que empezó con poco», comenta el jefe del Grupo de Blanqueo de la Policía Nacional. «Su visión era clara: no solo vender drogas, sino hacerse con el control del territorio». Y así fue como comenzó a adquirir inmuebles uno tras otro en La Soledat.
En lugar de conformarse con ser un simple vendedor, El Pablo pensó en grande: ¿por qué tener un punto de venta cuando puedes tener diez? Este enfoque le permitió acumular una pequeña fortuna inmobiliaria gracias al dinero proveniente del narcotráfico. Desde 1996, cuando compró su primera vivienda, hasta hoy, su mansión ha crecido hasta incluir nueve propiedades.
Sin embargo, su ambición no pasó desapercibida para las autoridades. En una operación reciente llevada a cabo el 6 de octubre junto al Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA), El Pablo y 22 cómplices fueron detenidos por blanqueo de capitales. La policía embargó 48 inmuebles, revelando así la magnitud del imperio construido sobre bases dudosas.
A medida que avanzaba la investigación, quedó claro que El Pablo había dejado atrás la manipulación directa de drogas para convertirse en un maestro estratega. Controlaba quién vendía y quién no dentro del barrio, desplazando a antiguos comerciantes y dejando huella donde antes había vida comunitaria.
Los agentes lo describen como un visionario: «Él vio una oportunidad donde otros veían dificultades». En sus manos tenía la clave para transformar La Soledat según su antojo; un barrio humilde donde cada euro cuenta se convirtió lentamente en parte de su patrimonio personal.

