En una sala de la Audiencia Provincial de Palma, se ha escuchado una historia desgarradora. Una joven, que apenas tenía 14 años cuando todo ocurrió, ha decidido romper su silencio y contar cómo un hombre abusó de ella en los baños de unos grandes almacenes. La fecha era octubre de 2021 y lo que comenzó como un encuentro a través de redes sociales se tornó en una pesadilla.
«Contactó conmigo de buenas y luego me ofreció dinero a cambio de relaciones», confesó la víctima con voz temblorosa. Ella, consciente de su edad, le dijo claramente: «Yo le dije que era menor». Pero esas palabras no parecieron frenar al acusado, un español de 25 años que la llevó a esos grandes almacenes bajo falsas promesas.
Un relato devastador
La joven narró cómo el presunto agresor la condujo hacia la zona de los ascensores y allí fue donde todo sucedió. «Me forzó a ir al baño. Me hizo tocarle y me obligó a hacerle una felación. No fue agradable; después pensé mucho en ello y decidí denunciar», explicó con valentía, resaltando también el tratamiento psicológico que ha tenido que seguir tras esa experiencia traumática.
Durante el juicio, el abogado del acusado intentó poner en duda su testimonio diciendo que nunca mencionó coerción ante la Policía Nacional o en el juzgado. A esto, ella respondió sinceramente: «Me costó admitirlo porque tenía a mis padres delante». Sin embargo, las palabras del joven no hacían más que aumentar la indignación; él afirmaba que las relaciones fueron consensuadas e incluso insinuaba que ella se anunciaba como ‘sugar baby’.
A pesar del caos emocional que rodea este caso, el acusado se mostró arrepentido y admitió saber cuántos años tenía ella: «Era una etapa complicada para mí», añadió mientras cargaba sobre sus espaldas un diagnóstico preocupante por adicciones diversas. Todo esto fue respaldado por informes médicos que confirmaban su consumo crónico de sustancias.
La Fiscalía ha pedido una pena considerable para él: cinco años y nueve meses tras las rejas y una indemnización para la chica por daños morales ascendiendo a 10.000 euros. Mientras tanto, esta historia sigue resonando entre nosotros como un recordatorio doloroso sobre los peligros ocultos detrás de encuentros aparentemente inocentes.

