Era el verano de 1993 cuando la vida de ‘M’, una joven prostituta de solo 23 años, se apagó en un piso de la calle Andrea Doria en Palma. A primera vista, su muerte parecía ser otro triste caso relacionado con las drogas. Pero a medida que los policías empezaron a hurgar en los detalles, se dieron cuenta de que había más sombras detrás de esa puerta.
El Bar Kansas, un lugar emblemático del barrio chino junto a otros como el Hollywood y el Kentucky, era donde ‘M’ trabajaba. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que un cliente, ya entrado en copas, decidió llevársela a su casa. Él aseguró que no pasaron mucho tiempo juntos y que no entró al dormitorio. Pero algo en su relato no encajaba.
Un descubrimiento inquietante
Cuatro días después, cuando nadie había visto a ‘M’, una amiga decidió hacerle una visita y lo que encontró fue desgarrador: su cuerpo sin vida estaba sobre la cama. La escena era caótica; vasos por el suelo y trozos de papel de plata dejaban entrever un posible consumo previo de estupefacientes. Y así, rodeada del desorden y con una puerta abierta —un detalle demasiado extraño— comenzó la investigación del Grupo de Homicidios.
Aquel hombre turbio pronto se convirtió en el principal sospechoso. Aunque oficialmente se hablaba de sobredosis, los detectives sentían que había algo más oscuro detrás: ¿había estado él simplemente mirando mientras ‘M’ sufría?
Al final, este individuo se presentó ante la policía diciendo: «Creo que me estáis buscando», como si nada hubiera pasado. Su versión estaba llena de contradicciones; incluso mencionó haber pagado sumas extrañas sin haber consumado ningún acto sexual. Un vaso con su huella sería su perdición.
El caso quedó atrapado en un limbo judicial donde nunca se probó si realmente pudo salvarla o si ocultaba algo más macabro. La pregunta persiste: ¿qué sabía realmente aquel hombre? Mientras tanto, ‘M’, cuya vida fue truncada tan prematuramente, sigue siendo recordada por todos aquellos que conocieron su historia.

