Esta semana, Bellver ha sido testigo de un debate candente entre sus vecinos. La presidenta de la asociación de vecinos, Patricia Troyano, ha expuesto la reciente decisión del Ajuntament de Palma de eliminar varios elementos del parque infantil en el bosque de Bellver. Todo esto, después de años pidiendo a gritos acciones más contundentes para frenar el escándalo sonoro que provocaban las fiestas y cumpleaños con altavoces descontrolados.
Troyano refleja la realidad conflictiva: «Tenemos sentimientos encontrados porque hay gente que está a favor y otra en contra. Quienes viven cerca del Polvorín han soportado ruidos insoportables durante años. Si llamabas a la policía, muchas veces no aparecían». Con esto en mente, la comunidad decidió solicitar el desmantelamiento de ciertas áreas del parque ante la falta de intervención policial.
Las consecuencias para todos
El Ajuntament optó por retirar mesas de ping pong, tirolinas y merenderos. Pero claro, esta decisión no ha caído bien entre familias y colegios que usan el parque durante la semana. «El problema radica en que quienes organizan estas fiestas no son los residentes, sino forasteros que llegan a hacer ruido como si estuvieran en un chiquipark», asegura Troyano. La música alta comienza temprano por las mañanas y persiste hasta bien entrada la tarde.
A pesar de todo, muchos ven esto como un simple parche: «No es un problema solo nocturno; llevamos años lidiando con esta situación», añade con frustración. Patricia también menciona su papel como miembro activo del APA del colegio y lamenta que no se busquen soluciones más efectivas: «No queríamos que se desmontara nada; lo único que pedíamos era una presencia policial real».
Troyano confiesa sentirse impotente: «Los que realmente sufrimos somos nosotros, los vecinos. Es cansado ver cómo el incivismo nos afecta directamente. ¿Por qué no se aplican multas? Estoy convencida de que eso haría cambiar las cosas».
Además, ella misma recuerda cómo antes había patrullas montadas o vehículos recorriendo la zona: «Ahora ni siquiera cierran las puertas; estamos completamente abandonados». Las dos escuelas cercanas, CEIP del Terreno y Colegio La Inmaculada, ahora quedan sin espacio recreativo propio debido a obras y decisiones desafortunadas.
Las opiniones están divididas entre los vecinos; algunos consideran inaceptable el jaleo constante mientras otros piensan que son solo unos pocos quienes se ven afectados por las fiestas ocasionales. Pero lo cierto es que Bellver se encuentra atrapada en este tira y afloja donde al final siempre son los niños quienes terminan perdiendo.

