En la urbanización de Son Gallard, situada cerca del Camí Fondo, se respira un aire de desesperación que nadie puede ignorar. «Esto es un infierno», así lo describen los vecinos que, con miedo y rabia a partes iguales, cuentan cómo la llegada de nuevos habitantes desde Son Banya ha transformado su hogar en un lugar peligroso. «Están construyendo chalets ilegales y quemando coches; el otro día hubo otro incendio», comparte uno de los afectados, reflejando el desasosiego generalizado.
A pesar de que todos parecen estar en la misma sintonía sobre lo que sucede, el silencio reina entre ellos por miedo a represalias. «Nadie va a dar la cara», confiesan con resignación. La tarde del viernes, alrededor de las 20:30 horas, las llamas amenazaron directamente a los depósitos de gasoil en la zona. Los trabajadores tuvieron que activar las alarmas ante la inminente tragedia. «Estábamos aterrados; el fuego iba hacia los bidones», relata otra vecina mientras recuerda cómo llegaron bomberos y policías para hacer frente a la situación.
S.O.S. desde Son Gallard
El equipo de Bombers de Palma actuó rápido y logró controlar el incendio antes de que se extendiera más allá de los 1200 metros quemados. Sin embargo, durante la madrugada tuvieron que regresar por un tronco humeante que amenazaba con reavivar el fuego. «Llevamos aquí 30 o 40 años y nos están machacando», afirman con angustia, añadiendo que no solo son las llamas lo que les atormenta; también hay robos constantes de electricidad mediante enganches ilegales que sobrecargan la red eléctrica del barrio.
A pesar de sus intentos por denunciar esta situación alarmante, sienten que sus voces quedan atrapadas en un vacío administrativo: «Estamos viviendo un infierno y estamos desesperados». Las casas ilegales han brotado entre las urbanizaciones tradicionales como setas después de la lluvia. «Son chalets ilegales. ¡Tela marinera! Se han construido en tiempo récord sin que nadie haga nada», concluyen con una mezcla de indignación y frustración.

