Imagina la escena: el Hospital de Son Llàtzer, un lugar habitual para muchos, se convierte en el escenario de una historia digna de película. Todo comenzó el 15 de julio, a eso de las 16:30 horas. Un vigilante del centro, con ojo avizor, detectó un coche que claramente había sido forzado. Acto seguido, dio la voz de alarma a la Policía Local de Palma. La curiosidad ya estaba servida.
Un descubrimiento inesperado
Los agentes llegaron rápido y encontraron un turismo relativamente nuevo elevado sobre un gato mecánico. Pero algo no encajaba: le faltaba una rueda. ¿Qué habría pasado? Al consultar los datos del vehículo, se dieron cuenta de que tenía una denuncia por robo desde el 4 de julio. El propietario, al enterarse del hallazgo, no tardó en aparecer y recuperó su coche con una mezcla de alivio y sorpresa.
Pero aquí no acaba la historia. Mientras los policías revisaban el área alrededor del vehículo robado, hicieron un descubrimiento curioso: escondidas bajo el coche había dos ruedas más. ¿De dónde venían? Los agentes no tardaron en investigar y descubrieron que esas ruedas pertenecían a otro automóvil que había sido robado esa misma madrugada. Y lo mejor es que era propiedad de una enfermera que trabajaba en el turno nocturno del hospital.
Con este giro inesperado, los policías se pusieron en contacto con ella para darle la buena noticia sobre sus neumáticos perdidos. La enfermera llegó emocionada al aparcamiento donde se encontraban los agentes y recibió sus ruedas con gratitud mientras firmaban el acta correspondiente por la recuperación. Una historia loca pero real que nos recuerda lo impredecible que puede ser el día a día.

