Era una tarde soleada en Camp de Mar, cuando un hombre español de unos 60 años decidió disfrutar de una comida en uno de esos restaurantes que parecen sacados de un sueño, accesibles solo por una pasarela que serpentea sobre el agua. Pero lo que prometía ser un rato agradable se tornó en pesadilla. Eran alrededor de las 16:00 horas, y con el termómetro disparado por la ola de calor, el malestar hizo acto de presencia.
Los primeros auxilios bajo la mirada atenta
En medio del bullicio, este hombre sintió cómo su cuerpo le fallaba; sufrió un síncope mientras degustaba su comida. No pasó mucho tiempo antes que los socorristas locales entraran al restaurante, alertados por la situación. Con movimientos rápidos y precisos, comenzaron a atenderle mientras otros comensales miraban con preocupación.
Poco después llegó una patrulla de la Policía Local, pero el tiempo parecía detenerse para todos los presentes. El hombre no paraba de vomitar; así que lo tumbaron en el suelo y empezaron a refrescarlo con cubitos y toallas frías. A pesar del caos, esa sensación colectiva entre los clientes era palpable: nadie quería mirar hacia otro lado.
A medida que transcurrían los minutos, la ambulancia tardaba más de lo esperado en llegar; más de media hora fue una eternidad para aquellos que aguardaban angustiados. Finalmente, tras conseguir moverlo a una caseta cercana para protegerlo del sol abrasador, apareció el vehículo sanitario. Los agentes y socorristas trabajaron juntos como un equipo bien entrenado para llevar al hombre al interior del coche.
Alrededor de las 17:30 horas ya estaba siendo trasladado al Hospital de Son Espases para recibir atención médica exhaustiva. Un día que comenzó como uno cualquiera se convirtió en un recordatorio sobre lo importante que es cuidar nuestra salud ante estas temperaturas extremas.

