Sucesos

La peligrosa trama de las almendras tóxicas en Mallorca

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En el centro de una historia que pone los pelos de punta, cuatro acusados se enfrentan a más de 14 años de cárcel por intentar vender 25 toneladas de almendras venenosas en Mallorca. La fiscal no se anda con rodeos y ha afirmado que estos individuos «tenían la intención de poner en riesgo la salud de las personas». En la última sesión del juicio, celebrada este viernes, quedó claro que estamos ante un caso serio.

Una jugada arriesgada

El empresario neerlandés, que estaba detrás del negocio sucio, explicó mediante un traductor que su objetivo al adquirir esta partida era venderla a una empresa de aceite «no apto para el consumo humano», dejando claro que jamás tuvo la intención de comercializarlas legítimamente. Otro acusado se defendió diciendo: «Nuestro trabajo era la recogida», mientras su mujer, también procesada, afirmó que solo firmaba documentos sin saber lo que realmente sucedía.

La historia comienza en diciembre de 2022 cuando este empresario compró las almendras a una distribuidora australiana por más de 66.000 dólares. Sin embargo, lo sabían todo sobre el riesgo sanitario: ya había una alerta nacional activa desde 2021 por productos defectuosos provenientes de esa exportadora. ¡Qué desfachatez!

En febrero del año siguiente, Sanidad Exterior interceptó un cargamento en el puerto de Alicante y descubrió niveles alarmantes de aflatoxinas –toxinas fúngicas cancerígenas– multiplicando por diez los límites permitidos por la UE. Las autoridades ordenaron su destrucción inmediata para evitar riesgos biológicos.

Pero aquí no termina la cosa. Para evitar pérdidas económicas y el coste monumental que supone incinerar ese montón peligroso, estos cuatro individuos idearon un plan descabellado: prometieron destruir las almendras en Palma y solicitaron autorización para trasladarlas bajo esa excusa.

A pesar del visto bueno oficial, al llegar a la isla el 5 de mayo decidieron jugar al despiste y desviaron el camión hacia Binissalem donde rompieron los precintos estatales y escondieron las almendras venenosas entre sacas limpias. La idea era revenderlas en el mercado negro. Pero como suele pasar con estas tramas oscuras, todo salió mal; fueron descubiertos gracias a los desajustes en los pesos y la rápida intervención del Seprona y Vigilancia Aduanera.

Este escándalo alimentario nos recuerda lo frágil que puede ser nuestra seguridad alimentaria y cómo algunas personas están dispuestas a arriesgar vidas solo por dinero.

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