Sucesos

El fuego que arrasó vidas en la autovía: relatos de quienes lo vivieron

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Mohamed, un hombre de 58 años que lleva tres décadas en Mallorca, ha visto cómo su hogar se convertía en cenizas. Hace dos años, tras pasar por tiempos difíciles, decidió construir una pequeña chabola junto al Parc de ses Sorts, entre Son Gotleu y el Rafal Vell. Pero este miércoles, mientras el incendio avanzaba a pasos agigantados hacia él, la angustia invadió su ser.

Una tragedia anunciada

“Qué desastre”, decía Mohamed con voz temblorosa. El fuego había comenzado cerca de donde un grupo de personas reside bajo el puente; un lugar abarrotado de basura y desechos. “No sé si fue un cigarro o qué, pero he visto las llamas venir y me he llevado lo más valioso: la bombona de butano para evitar una explosión. También el pasaporte y mis documentos… pero no pude agarrar nada más”, se lamenta.

Su compañero Hassan, quien vive en la misma zona desde hace dos años, tuvo aún menos suerte. Su refugio quedó reducido a escombros junto con todos sus papeles. “Esto complica todo”, dice con resignación. Ambos han perdido no solo sus casas, sino también toda su ropa y muebles; los pocos objetos que habían acumulado para sentirse como en casa al lado de la carretera más transitada de Palma.

Aquel incendio estuvo a punto de convertirse en una tragedia mayor. En cuestión de minutos pudo haberse propagado hacia la vegetación cercana a la autopista, desencadenando un caos inimaginable durante esas horas tensas en Ciutat.

El problema principal radica en esa basura acumulada en estos espacios olvidados por muchos; esos rincones donde las personas construyen sus hogares improvisados. Tanto Mohamed como Hassan intentan trabajar como pueden, pero les resulta imposible encontrar una vivienda digna que puedan costear. “Desde 1995 estoy aquí y no siempre he estado viviendo así”, confiesa Mohamed sobre su dura realidad. “Cuando no trabajas, no hay alquiler”.

Mohamed incluso trató de apagar el fuego con un tubo improvisado como manguera, pero el calor era insoportable. Su amigo Hassan regresaba del médico cuando se encontró con esta pesadilla inesperada; ambos ahora enfrentan incertidumbre sobre dónde dormirán esa noche.

Sin soluciones reales desde los ámbitos administrativo y social hasta el político, su situación es crítica y ya no pueden seguir siendo invisibles para la sociedad balear. Hoy hemos sido testigos del inicio potencial de una catástrofe que nadie desea ver llegar; una realidad que se ha intentado ignorar durante demasiado tiempo hasta que nos quema en la cara.

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