Era una tarde tranquila, como cualquier otra, cuando Josep Montclús y su hija Mireia se encontraban relajados en su salón. Pero esa paz se rompió de golpe gracias a una vecina que, con un tono alarmante, les avisó sobre un fuego en el edificio. «Tranquilos, ya está extinguido», decía ella, aunque las llamas aún tenían mucho que contar. Eran alrededor de las 15:30 horas y la tensión comenzaba a crecer.
Un momento de pánico
La mujer, que vive justo al lado de donde se había originado el pequeño incendio, decidió actuar tras ver cómo su vecina sufría quemaduras en la cara y las manos al intentar apagar las llamas. Fue ella quien alertó a los bomberos, quienes llegaron rápidamente al lugar para refrescar la zona y utilizar cámaras térmicas en busca de cualquier material inflamable que pudiera reavivar el fuego.
Mireia compartió lo sucedido: «Habían dejado un pequeño incensario cerca de la ropa en un armario. Lo apagaron, pero luego lo dejaron en el balcón y con el viento volvió a encenderse». La situación se tornó crítica cuando creyeron que todo estaba bajo control y, de repente, tuvieron que desalojar a 60 personas del edificio. «Escuchamos un ruido fuerte seguido de timbres incesantes. Todos los vecinos evacuando por las escaleras porque no podíamos usar los ascensores», recordó Josep con preocupación.
Afortunadamente, todos pudieron regresar a casa más tarde ese mismo día; sin embargo, todavía hay una sombra de inseguridad flotando en el aire. Los residentes esperan la visita de los técnicos del Ayuntamiento de Palma este miércoles para asegurarse de que no haya daños estructurales ni problemas con el cableado del bloque. Una noche larga les espera a todos en la Avinguda Alexandre Rosselló mientras aún persiste ese olor a humo entre sus paredes.

