Sucesos

El vecino que convirtió la convivencia en un infierno

Antonio G., un hombre de 65 años, vivía de alquiler en un piso de la calle Miquel Sureda i Blanes, en Establiments. Sin embargo, su vida dio un giro oscuro cuando se enfrentó a un desahucio inminente. En lugar de buscar soluciones, decidió hacer de su hogar un auténtico campo de batalla para atormentar a sus vecinos durante todo el año 2023. «Te voy a destrozar la vida», amenazó al propietario del inmueble. Con una actitud desafiante, continuaba diciendo: «Atente a las consecuencias, esto se va a poner muy duro».

Un vecino problemático

La tarde del 18 de febrero, mientras manipulaba los cables del contador eléctrico, otro vecino le llamó la atención, sospechando que podría estar cultivando marihuana. La respuesta de Antonio fue levantar los puños y desafiarle: «Vente para acá, vamos a pegarnos». A partir de ahí, las cosas solo empeoraron. Al día siguiente, otro residente se quejó porque agua caía del piso de Antonio; este bajó con una sonrisa provocadora y soltó que estaba duchándose porque tenía cita con el médico.

Poco después, sin autorización alguna y con total desprecio por la comunidad, cambió las cerraduras del portal y la azotea del edificio. Cuando uno de sus vecinos le recriminó su comportamiento arrogante respondió: «Lo hago porque me sale de los cojones». La tensión seguía creciendo y cada nuevo día traía consigo más incidentes escalofriantes.

En los días siguientes descubrieron que su trastero albergaba una plantación clandestina con 36 plantas y otros artilugios asociados al cultivo ilegal. Después vinieron las agresiones verbales y físicas hacia quienes intentaban mediar o simplemente vivir en paz.

A finales de marzo, sin ningún tipo de consideración por los demás inquilinos, hizo obras en su casa que terminaron perjudicando gravemente a uno de los pisos inferiores. Cuando la afectada pidió explicaciones recibió insultos humillantes: “Hijas de puta”, decía entre gritos. Y así continuaron las amenazas hasta llegar incluso a instigar miedo sobre una madre delante de su hijo pequeño.

A pesar del acoso constante y los daños causados que superaban los 400 euros en varias ocasiones, Antonio no mostraba intención alguna de cambiar su conducta. Los vecinos ya estaban desesperados e incluso algunos tuvieron que buscar asistencia médica debido al estrés acumulado por esta situación insostenible.

Finalmente, tras tantas denuncias acumuladas ante las autoridades competentes y tras un juicio reciente donde aceptó una condena total superior a 7.400 euros por múltiples delitos —incluyendo amenazas e injurias— ahora vive lejos en la Península.
Como si fuera un personaje sacado directamente del guion de una película como ‘El peor vecino del mundo’, Antonio dejó tras él una estela amarga entre aquellos que solo querían disfrutar tranquilos sus hogares.

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