Imagínate la escena: un día cualquiera en Sencelles y, de repente, un descubrimiento que hace temblar las piernas. Eso le ocurrió a un hombre cuando se topó con la Mare de Déu de Costitx. “Cuando vi esa imagen, las cames em tremolaven”, confiesa entre risas y asombro. Es difícil no contagiarse de su emoción. ¿Quién iba a pensar que una simple caminata podría llevarte a vivir algo tan mágico?
Un hallazgo que trasciende lo cotidiano
No es solo una estatua; es parte del alma colectiva de la comunidad. Este encuentro inesperado nos recuerda que hay belleza escondida en los rincones más insospechados. No podemos dejar que estas maravillas se conviertan en meros objetos decorativos olvidados.
En el fondo, todos deseamos tener nuestras propias historias que contar, esas que hacen vibrar el corazón y nos conectan con nuestra tierra. Así que, ¿por qué no salir a buscar esas pequeñas joyas? La vida está llena de sorpresas esperando ser descubiertas.

