Una vez más, los vecinos de Son Sardia han decidido no quedarse callados y han salido a la calle con una exigencia clara: “¡Queremos una fecha!”. Esta protesta no es solo por un edificio, sino por el futuro de su comunidad. La situación ha llegado a un punto que ya no pueden ignorar. ¿Cuánto tiempo más tendrán que esperar para ver acciones reales?
Una comunidad unida en la lucha
La indignación se respira en el ambiente. Las voces de estos ciudadanos resuenan con fuerza, reclamando lo que consideran justo: la rehabilitación de Can Pesquet, un símbolo de su identidad. “No somos turistas que vienen y van, somos nosotros quienes vivimos aquí”, decía uno de los manifestantes mientras agitaba su pancarta con determinación.
A medida que avanzaban por las calles, la energía era palpable; cada grito y cada paso eran un recordatorio del poder que tienen cuando están unidos. Esta lucha va más allá del ladrillo y el mortero; es una defensa apasionada de lo que significa ser parte de esta comunidad.
Pero esto no es solo cuestión local. Muchos ven cómo este tipo de situaciones se repiten en otras partes, como si las promesas políticas fueran papel mojado. La comparación surge fácil: “Esto parece una fiesta para guiris”, comentaba Aina Losange al referirse a otros proyectos fallidos en la zona. Y tiene razón; en lugar de construir espacios inclusivos, parece que preferimos apostar por el monocultivo turístico.
El grito colectivo sigue resonando y los vecinos aseguran que no van a dejarse desanimar. Así que, si alguien pensó que podrían tirarlo todo a la basura con palabras vacías, están muy equivocados.

