En un rincón protegido de nuestras islas, tres chalets ilegales siguen en pie, haciendo negocio a costa del paisaje y la comunidad. Siete años han pasado desde que se prometió su derrumbe, pero aquí estamos, viendo cómo la espera se convierte en un despropósito. Cada día que pasa es una oportunidad perdida para devolver a la naturaleza lo que le pertenece.
Una situación insostenible
Es frustrante pensar que mientras muchos luchan por preservar nuestra tierra, estos inmuebles no solo siguen ahí, sino que prosperan. ¿Y todo por qué? Por un turismo desenfrenado que parece no tener límites. La gente está cansada; incluso hemos visto manifestaciones donde más de 800 personas alzaron su voz contra esta masificación turística. No podemos seguir tirando a la basura nuestro patrimonio natural solo para llenar bolsillos ajenos.
Cada vez más, nos enfrentamos a decisiones que afectan nuestro entorno. Las reservas hídricas caen alarmantemente y el patrimonio arqueológico se ve amenazado por el cemento. ¿Qué legado dejaremos a las futuras generaciones si seguimos así? Es hora de actuar y exigir lo que es justo. ¡Basta ya!

