La calor no da tregua en nuestras islas. Aemet ha lanzado el aviso amarillo, anunciando que las temperaturas en Mallorca y las Pitiüses podrían alcanzar los 38 grados. Una situación que, a estas alturas del verano, ya parece un clásico. ¿Quién no ha sentido ese agobio al salir a la calle?
Los efectos de la calor en nuestra vida cotidiana
Y mientras nosotros buscamos cualquier sombra donde refugiarnos, la verema avanza sin compasión. Desde el 21 de julio, ya se están recogiendo uvas en Mallorca, adelantándose al ciclo natural por culpa de esta ola de calor que parece interminable.
No solo eso; la protesta contra la turistificación sigue sonando fuerte. En Sóller, miles de voces se levantaron diciendo ‘no’ a esta transformación masiva del lugar. «Prohens, escucha, estamos en lucha», gritaban con fuerza.
Sin embargo, el Gobierno sigue justificando decisiones polémicas como la destitución de la directora general de Costes. La idea es clara: si pagas por un hotel, tienes más derechos que quienes vivimos aquí toda la vida. Y así seguimos, entre protestas y temperaturas extremas.
A medida que nos adentramos en agosto, nos enfrentamos a un dilema: disfrutar del verano o luchar por lo que creemos justo para nuestro hogar. La decisión está clara para muchos: ¡nuestras islas no están a la venta!

