Desde finales de julio, el barrio de Pere Garau ha visto cómo las luces se apagan una y otra vez, dejando a sus habitantes en la más absoluta oscuridad. Esta situación no es un mero inconveniente; es una injusticia que grita por atención. La comunidad, cansada y desesperada, ha levantado la voz para denunciar lo que consideran una cadena incesante de apagones que afecta su día a día.
Una lucha vecinal sin tregua
Los vecinos no están dispuestos a quedarse callados. “No podemos permitir que nos traten así”, dice uno de los afectados, reflejando el sentir generalizado. En un momento donde el turismo parece querer aplastar cualquier vestigio de vida local, los residentes de Pere Garau reclaman su derecho a disfrutar de un hogar seguro y iluminado.
La impotencia se mezcla con la rabia al ver cómo las promesas del gobierno brillan por su ausencia. La situación ya ha alcanzado niveles críticos: no se trata solo de luz, sino de dignidad. ¿Hasta cuándo vamos a seguir viviendo así? La pregunta resuena en cada rincón del barrio mientras sus habitantes buscan respuestas y soluciones inmediatas.

