En una mañana que prometía ser tranquila, la tragedia se desató en Pollença. Un ciclista de 83 años, un hombre que había estado pedaleando por las calles durante décadas, perdió la vida tras ser atropellado. La comunidad se estremece al escuchar esta noticia; es más que un simple accidente, es una pérdida dolorosa para todos nosotros.
Un suceso que nos conmueve
La víctima era conocida por muchos, disfrutaba de recorrer los caminos con su bicicleta, dejando siempre una sonrisa a su paso. Pero hoy esa sonrisa se ha apagado y el eco del silencio deja una profunda herida. ¿Qué estamos haciendo para proteger a nuestros mayores? Cada vez parece que el respeto por los más vulnerables brilla por su ausencia. La indolencia y la falta de responsabilidad al volante han llevado a otro ser querido a ser parte de una estadística trágica.
No podemos quedarnos callados. Este incidente no solo refleja un problema vial; es un grito desesperado para que las autoridades actúen y tomen cartas en el asunto. Es hora de dejar de tirar a la basura las vidas humanas y empezar a poner el foco en lo realmente importante: ¡las personas!

