En un rincón del soleado archipiélago balear, la situación es más que preocupante. Mientras las reservas hídricas marcan solo un 50% este abril, cuatro puntos por debajo del mes anterior, los restaurantes se sienten desbordados. La nueva ley de residuos parece una sombra que no termina de materializarse y la incertidumbre es palpable. «No saben ni qué hemos de hacer ni quién controla esta norma», se lamenta uno de los dueños que, entre platos y clientes, busca respuestas.
Un clamor silencioso entre fogones
A medida que avanza el año, las voces en el sector restaurantero se alzan con más fuerza. La campaña de limpieza del litoral ha sido un pequeño respiro, logrando retirar 36,8 toneladas de basura del mar en 2025. Sin embargo, esto no es suficiente.
El miedo a un monocultivo turístico que ahogue otras actividades locales crece cada día. Como si fuera poco, los expertos han comenzado a alertar sobre vulneraciones de derechos en causas contra los patrones de pasteras en nuestras aguas. Este escenario deja claro que necesitamos más acción y menos palabras vacías.

