En el corazón de Palma, el restaurante de Na Burguesa, un lugar que debería ser un símbolo de la gastronomía local, se ha convertido en el escenario de una nueva historia de okupación. Hace unos meses, el Bisbat de Mallorca denunció que su propiedad estaba siendo ocupada ilegalmente y ahora, la situación sigue en pie. Este diario ha indagado más a fondo y lo que encontró fue más sorprendente de lo esperado.
A la entrada del establecimiento, un ciclomotor aparcado da pistas sobre la presencia de personas dentro. Desde una ventana del mirador asoma un joven latino que no tiene reparos en admitir su condición de okupa. Con una actitud desafiante, nos dice: «Nos iremos cuando nos echen de aquí». La conversación sube rápidamente de tono y una mujer se une a él, mientras desde dentro parece oírse la voz de otra persona que ellos descartan como ocupante.
Una realidad difícil pero decidida
Estos nuevos okupas afirman rotundamente que no hay menores en el interior y aseguran que han dejado las pertenencias anteriores tal cual. «No hemos tocado nada», repiten con firmeza. Aunque afirman haber tenido visitas policiales sin problemas, están decididos a permanecer allí. Recordemos que antes había una pareja con sus hijos menores viviendo bajo esas condiciones tan precarias.
Lo curioso es cómo reaccionaron al vernos. Los okupas actuales criticaban la suciedad del mirador y casi nos retaban a limpiarlo juntos. Se mostraron inflexibles ante cualquier sugerencia sobre su futuro: «De aquí no nos vamos», afirmó uno mientras grababa todo con su móvil, dejando claro que estaban dispuestos a esperar cualquier decisión judicial. «Todo está en manos de abogados», añadieron, como si eso les diera cierta tranquilidad.
La llegada de estos nuevos inquilinos solo añade otro capítulo más a uno de los casos más sonados sobre okupación en Palma. El Bisbat aún tiene mucho por hacer para recuperar su propiedad emblemática, pero lo cierto es que este fenómeno parece estar lejos de terminar.

